Mi primera maratón – Debutando en Adidas Santiago 2011
Sin Fullmaraton habría sido imposible de lograrlo, porque no habría tenido los consejos y recomendaciones técnicas y fisiológicas.
Mi primera Maratón.
Camino a Santiago me sentía como cuando iba a rendir la PAA: entre asustado y ansioso. Asustado de cometer errores o de no tener la capacidad física para resistir y que me hicieran abandonar; pero Ansioso de correr y probarme a mí mismo, en una prueba que la tenía como hito de vida. Correr a los 54 años tu primera maratón era una linda locura.
Había tenido un entrenamiento descontinuado por resfríos y un lamentable momento en febrero. Mi porfía y audacia se basaban en los varios años entrenando. Confiaba en haber diseñado una estrategia de carrera, que pude cumplir luego al pie de la letra.
Mas que relatar el avance a través del circuito, para quienes vayan a vivir su primera maratón en Santiago, quiero señalar hitos que fueron marcando la carrera y que la hacen una experiencia única.
En la largada, fue fundamental estar con Walter Grandon, su alegría permanente, optimismo y entusiasmo contagiante hizo que arrancara con las mejores vibras que pueden existir, y escuchando su buen consejo: Piensa positivo, piensa en que estas cruzando la meta, piensa en cosas agradables.
A los 3 klms, Walter trotaba a buen ritmo y decidí aplicar mi estrategia programada de trotar a mi ritmo, cuidando fuerzas y piernas, así que le dije que siguiera solo y que yo iría más lento.
Cruce los 10 klms frente al Estadio Nacional con el tiempo de 1:20, ello me indico que demoraría en total un tiempo de alrededor de 5 horas.
De ahí en adelante comenzaba un trayecto que jamás había hecho, era terreno desconocido. Aumente la prudencia y el cuidado. Avance por Grecia, luego continué por Avenida Ossa. Me sentía súper bien. Sin cansancio ni agotamiento.
Cuando llegue a Vespucio con Bilbao, recordé todos los consejos recibidos de todos los amigos de Fullmarathon. Tenía grabadas las palabras de Tito Marín, “si es necesario camina la subida, porque después pasaras a todos los que te adelantaron”. Por ello avance trotado cuidadosamente, comencé a recorrer la subida frente al Country Club y al llegar al puesto de hidratación, donde nos dieron los primeros plátanos, me fui comiéndolo mientras caminaba avanzando hacia la rotonda con Padre Hurtado.
Los consejos de todos ellos tenían mucha razón. En adelante el desastre era notorio, corredores con calambres, vómitos, exhaustos. Yo seguía avanzando bien. Incluso ayude algunos convidándoles los analgésicos sublinguales o pastillas de sodio.
El avance por Padre Hurtado, Cuarto Centenario, Colon y la llegada a Manquehue fue sin dificultades, avanzando a buen ritmo. Me sentía corriendo los 21 klm.
Cuando bajaba el paso nivel frente al Apumanque, bajo Apoquindo, siguiendo los consejos lo baje caminando, para evitar desgaste de rodillas. Arriba escuchaba gritos que me decían “corre corre corre”. Habían varias personas dando apoyo, pero los gritos eran de una niña jovencita, entre 12 a 17 años, que estaba con otra mujer, cuando estuve debajo de ellas le conteste que estaba cuidando fuerzas, y ella me contesta que yo tengo dos piernas asi que debo usarlas y correr, y ahí me fijo que estaba sentada en una silla y le faltaba una pierna. Fue impactante, y ahí entendí porque reclamaba que yo fuera caminando.
El siguiente momento especial fue cuando llegue al Kilometro 30, pasada la Rotonda Irene Frei. El reloj marcaba 4 horas de carrera. Nunca en entrenamientos había sobrepasado esa distancia, por lo cual comenzaba a vivir la máxima incógnita de si mi cuerpo y organismo superaría esa exigencia y desgaste.
Comencé a bajar por Borde río, me sentía re bien y la bajada me hizo aumentar la rapidez. Ahí apareció en bicicleta el apoyo del Fullmarathon y me ofreció agua y apoyo. Valore otra vez la importancia de ser parte de un equipo y de un club.
Como venía corriendo tan bien y concentradísimo, solo le pedí que avisara a Fernando o Marisol donde venia corriendo en el 32 y que estaba bien, y que no necesitaba mayor apoyo.
El avance fue sostenido hasta la pasada de Vespucio en el Puente de la Pirámide. Ahí pare a hidratarme y no había nada de agua ni Gatorade. Pero cometí un grave error, por ignorancia. Me venía molestando una piedrecilla en la zapatilla y me agache a sacar la zapatilla y botar la molestia, y tuve contracturas. No sabía que eso no se puede hacer y que es fatal. Logre recuperarme y seguí trotando, pero las pantorrillas no quedaron bien. Eso tuvo consecuencias en los kilómetros siguientes, pero igual la saque barata.
La pasada por Escriba de Balaguer, kilometro 35, sector árido y caluroso, trajo otro momento inolvidable. Alcance a un corredor que venía literalmente arrastrando sus pies. Le pregunto como viene y me dice que viene “re cansado” (uso otros términos más masculinos). Y le respondo con la siguiente arenga: “Compadre, has avanzado casi todo, te quedan solo 7 kilómetros. Que vas a decir mañana en la oficina a tus compañeros de trabajo? Que pondrás en tu Facebook, que le dirás a tu familia? Que llegaste solo hasta el 35? Dale, queda poco hace el esfuerzo” La verdad es que se le inflo el pecho, se enderezo y arranco nuevamente a buen ritmo. Ojala haya terminado bien.
En la Rotonda Pérez Zujovic las pantorrillas ya sufrían las contracturas, y era molesto avanzar. Pase la Embajada de USA y al llegar a la Avda. Andrés Bello habría un móvil del Hospital del Trabajador, junto a un puesto de hidratación que lo estaban desarmando y tampoco tenía agua. Ahí una enfermera me hizo un masaje en las pantorrillas, con gel desinflamatorio y logre recuperación. Un tipo de Prokart que andaba en una moto BMW oficial, me convido agua de un tambor, ya que no quedaba nada. Era ya más de las 3 de la tarde. El calor era intenso.
En esa parte de la carrera, si bien sabia que llegaría, igual pensaba porque hacia esa locura, que necesidad tenia, que esta sería la primera y última maratón. Nunca más…todo lo escupí al cielo.
Con serias molestias en las piernas, avance por el resto de Andrés Bello en la Costanera, en los autos pasaba ene gente con las camisetas verdes tocándonos la bocina en apoyo. Éramos pocos los que avanzábamos en fila india. Frente al Puente del Arzobispo, había otro móvil del Hospital del Trabajador y ahí pare y pedí masajes para las contracturas, y en verdad estuve unos 10 minutos, en que otra enfermera me masajeo completamente ambas pantorrillas y logro ordenarme la musculatura y dejármela muy bien, totalmente descontracturada. Le debo llegar corriendo la parte final de la carrera.
De ahí en adelante fue un agrado, avanzando a buen ritmo por la plaza Italia, luego entrando a la Alameda, frente al cerro Santa Lucía estaba Jorge de quien recibí los primeros saludos de la llegada., como en cada entrenamiento. Frente a San Antonio estaban todos los amigos de Fullmarathon, encabezados por Alejandro de la Cuadra y Marisol Acuña, con el Lienzo y sus aplausos y gritos de ánimo; eso fue una felicidad enorme y otra inyección de fuerzas. Ya divisaba los pórticos de la meta.
Los siguientes metros fueron soñados, con buen trote, fuerza y feliz cruce la meta, donde me esperaba mi esposa Ana María, que había corrido los 10 klms., con su rico beso de bienvenida. Su apoyo siempre fue incondicional y me ayudo a que las obligaciones familiares no interfirieran con mis entrenamientos, por eso este logro es también de ella. El sueño y el desafío estaban cumplidos y hechos realidad. Había llegado. 5:43:05 fue mi tiempo chip.
Como siempre dije: corriendo, trotando, caminando o arrastrándome llegaría a la meta. Recibí la medalla de recuerdo y goce ese momento mágico, disfrutando ese instante único, emotivo e inolvidable.
No quise ni comer fruta, ni nada dulce. Estaba saturado de azúcar después de 6 gels, 3 plátanos, muchos caramelos y gatorade. Solo quería comer algo salado. Al infaltable vendedor ambulante Any le compro un paquete de ramitas saladas.
Luego fue el reencuentro con todos los amigos del Club, comenzando por Walter Grandon, y pude darles mis agradecimientos por sus consejos y apoyos. Una llamada posterior me permitió agradecer al profesor Carlos Alfaro.
Mis conclusiones fueron muy claras: Sin Fullmaraton habría sido imposible de lograrlo, porque no habría tenido los consejos y recomendaciones técnicas y fisiológicas. Tampoco sin los entrenamientos en Bosques de Montemar o subidas al Hipocampus. Que parte importante de la fuerza mental estuvo en llevar la camiseta del Club y no defraudar. Esto es resultado de un trabajo de equipo. Solo no se puede lograr.
Tampoco puedo desconocer la verdad de las razonables opiniones que no era bueno debutar en una maratón en Santiago, por lo dura y exigente; que no es lo mismo correr 21 que hacer 42 y que son totalmente distintas; y que no se puede improvisar una carrera de esta magnitud.
Los detalles del recorrido son únicos e irrepetibles, y creo se irán borrando con el tiempo y futuras carreras; pero el cariño, afecto y sincera buena onda y preocupación de la Directiva, Socios y equipo técnico del Club si serán imborrables. Jamás un una crítica o descalificación, solo apoyo o consejos como superar los inconvenientes que se presentaban.
Por ello quiero finalizar agradeciendo a todos y cada uno de los amigos del Club por su valioso y desinteresado aporte a que cumpliera este hito en mi vida. Por mi parte he sido muy feliz contar con su apoyo y compañía en este momento inolvidable. Sinceramente muchas gracias.
EDUARDO URBINA M.





